Mendoza ha sido un muy buen alumno durante esta última década. La Nación va en camino.
Autor: Martín Kerchner

La Selección Argentina no pudo repetir el título mundial. La derrota frente a España dejó tristeza, porque estuvimos nuevamente muy cerca de la gloria. Pero sería un error medir el proceso de Lionel Scaloni y su equipo técnico solamente por el resultado de un partido. Argentina llegó a su segunda final mundialista consecutiva después de haber ganado dos Copas América, una Finalissima y el Mundial de Qatar. Aun con la caída en el último encuentro, estamos frente a uno de los ciclos más exitosos de nuestra historia deportiva.
La principal enseñanza de la Scaloneta no está únicamente en las copas, sino en el método. Scaloni recibió una selección golpeada, desconfiada y acostumbrada a convivir con la frustración. No prometió resultados inmediatos ni se presentó como el dueño de una verdad revelada. Construyó un equipo, estableció reglas claras, recuperó la confianza, incorporó jugadores nuevos, respetó a los referentes y tomó decisiones pensando siempre en el funcionamiento colectivo.
Ese aprendizaje excede al fútbol. La Argentina lleva décadas comenzando de nuevo, como si cada gobierno tuviera que refundar el país desde sus cimientos. Cambian las reglas, se abandonan políticas, se desconocen los avances anteriores y cualquier transformación queda interrumpida antes de madurar. La Scaloneta hizo exactamente lo contrario: primero ordenó, luego consolidó y finalmente ganó. Y cuando ganó, no creyó que el trabajo estuviera terminado.
Mendoza comenzó hace una década un proceso que, con las diferencias de escala entre una selección de fútbol y una administración pública, se acerca bastante a esa lógica. En 2015 recibió un Estado con desequilibrios fiscales, un gasto corriente elevado y una deuda que limitaba la capacidad de acción. Frente a ese escenario, no buscó soluciones mágicas ni resultados espectaculares de corto plazo. Inició un camino sostenido de ordenamiento de las cuentas, reducción del déficit, administración prudente de la deuda y priorización de los servicios esenciales.
El país está encarando un proceso similar al de los inicios de Scaloni. En apenas dos años se avanzó hacia el orden fiscal y la estabilidad monetaria, que son la base sobre la cual debe construirse todo lo demás. Equilibrar las cuentas es como ordenar el equipo y recuperar la disciplina táctica: resulta necesario para competir, aunque no alcanza para ganar el campeonato. Esa estabilidad debe transformarse gradualmente en más inversión, empleo privado, productividad, exportaciones, infraestructura y mejores salarios.
Mendoza muestra una experiencia concreta en esa dirección. Durante la última década, el gasto público provincial redujo su peso sobre el producto, disminuyó considerablemente la participación del gasto en personal, y la deuda pública medida en dólares cayó alrededor del 55%. Al mismo tiempo, la presión tributaria provincial bajó cerca de un 22% respecto de 2015, se redujeron alícuotas de Ingresos Brutos para numerosos sectores productivos y se estableció un camino para llevar el Impuesto de Sellos al 0% en 2030. Además, los principales servicios públicos -salud, educación, seguridad y transporte- recuperaron capacidad de funcionamiento y previsibilidad.
Ese proceso no fue lineal ni estuvo exento de dificultades. Tampoco resolvió todos los problemas de la provincia, pero permitió construir una base más sólida. Mendoza redujo ministerios y cargos políticos, eliminó más de 350 tasas, digitalizó centenares de trámites y avanzó en la modernización administrativa. Como ocurrió con la Selección, el mérito no estuvo en una medida aislada, sino en sostener una orientación, administrar restricciones y corregir sin volver permanentemente al punto de partida.
La Scaloneta demostró que se puede recuperar la confianza después de años de frustraciones. Demostró que el talento individual alcanza su mejor versión cuando forma parte de un equipo y que una identidad se construye con tiempo, humildad y perseverancia. Mendoza viene recorriendo desde hace una década un camino basado en principios similares. La Nación está comenzando a seguirlo, aunque todavía falta mucho.
No se trata de copiar fórmulas ni de trasladar mecánicamente el fútbol a la política. Se trata de comprender una enseñanza sencilla: los equipos, las provincias y los países no se construyen de un día para otro. Se construyen sosteniendo una idea, corrigiendo los errores y trabajando colectivamente, incluso cuando el resultado inmediato no es el esperado.
Ese es el verdadero método de la Scaloneta. Mendoza ha sido un muy buen alumno y la Argentina ya comenzó a transitar esa senda, colocando los primeros cimientos. Sin embargo, todavía falta la etapa decisiva: lograr que el orden y la estabilidad empiecen a traducirse en mejoras concretas para muchos más sectores de la población. En términos futboleros, el equipo ya se ordenó y recuperó una idea de juego; ahora debe empezar a ganar los partidos que verdaderamente cambian la vida de la gente.
Autor: Martín Kerchner
Fuente: https://www.memo.com.ar/opinion/opinion-kerchner-scaloneta-metodo-argentina-mendoza/
