El futuro de la olivicultura

Mendoza lidera el cambio hacia una producción de base científica y biotecnológica.

Autor: Martín Kerchner

La olivicultura argentina atraviesa una profunda transformación. Lo que históricamente se entendió como una actividad agrícola tradicional enfocada en la producción de aceitunas de mesa y aceite de oliva extra virgen, hoy se redefine en los laboratorios de la provincia como una industria proveedora de compuestos biotecnológicos de altísimo valor.
En Maipú, la olivícola Corazón de Lulunta se convirtió en el epicentro de este cambio de paradigma. Bajo la dirección del especialista Gabriel Guardia, el sector está demostrando que el verdadero techo de la actividad no está en el volumen de litros cosechados, sino en la capacidad de decodificar y aprovechar la botánica del fruto a nivel celular.

De la molienda tradicional a la extracción de polifenoles
El nuevo enfoque de la olivicultura local rompe con el esquema tradicional de producción lineal. El proceso ya no busca únicamente separar el aceite del resto de los componentes del fruto, sino identificar y aislar microelementos específicos que antes se descartaban o se subaprovechaban.
"Yo me pongo a buscar polifenoles. Voy investigando, voy viendo, voy entendiendo mejor la botánica del fruto", señala Guardia.

Este viraje hacia la investigación científica aplicada al olivo responde a una demanda global cada vez más sofisticada, que exige el desarrollo de matrices productivas más eficientes y sustentables:
 

  • Sostenibilidad integral: El aprovechamiento de la materia prima se maximiza, abriendo la puerta al uso de subproductos del olivar para la extracción de principios activos.
  • Diversificación de mercados: La olivicultura deja de depender exclusivamente del sector alimentario para insertarse de forma competitiva en la industria cosmética y de la salud.

Escualeno: El eslabón entre el olivar y la cosmética
Uno de los mayores hitos de esta evolución técnica dentro de las instalaciones mendocinas es el foco en el escualeno. Este compuesto orgánico, presente de forma natural en el fruto, posee propiedades únicas para la revitalización celular y la neutralización de radicales libres. Su alta afinidad dermatológica lo convierte en un insumo crítico para la alta cosmética, permitiendo que el sector olivícola cotice sus derivados en mercados de nicho científico y farmacológico.
Con estas innovaciones, Mendoza complementa sus históricos logros en el sector —como la obtención de la primera Denominación de Origen Controlada (DOC) para aceites de oliva del continente— y se posiciona a la vanguardia de una olivicultura tecnológica, donde el conocimiento científico y el valor agregado en origen marcan el camino hacia el futuro de la actividad.

Autor: Martín Kerchner

Fuente: https://www.instagram.com/reel/DZs_3edhZoq/?igsh=NDFpYTE4em55YnVl

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